Fecha: 31 de Diciembre de 2025

Lectura Bíblica: Marcos 1:14-15

Tiempo de Lectura: 12 minutos

Hoy es el día mundial de la promesa. Es el día oficial de la “expectativa”.

Si pudiéramos colocar un estetoscopio gigante en el corazón de la humanidad en este día exacto, 31 de diciembre, escucharíamos un ruido ensordecedor. No sería solo el sonido de las fiestas, de los preparativos de la cena o de los fuegos artificiales siendo instalados. Sería un sonido interno, visceral: una mezcla de ansiedad profunda y esperanza desesperada.

Miles de millones de personas están, en este momento, hipnotizadas por el reloj. Estamos en una cuenta regresiva colectiva. Preparamos la ropa blanca como si fueran mantos sacerdotales de purificación. Compramos las uvas, las lentejas y las granadas como si fueran sacramentos de prosperidad. Escribimos listas de propósitos con la seriedad de quien redacta una constitución.

Existe una creencia casi mágica, impregnada en la cultura humana, de que a la medianoche algo fundamental va a cambiar. Creemos que existe una frontera mística, una línea invisible en el tejido del universo, que separa el día 31 de diciembre del día 1 de enero. Creemos piadosamente que, al cruzar esa línea cuando el reloj dé las doce campanadas, dejaremos atrás al “viejo yo” —con sus fracasos, kilos de más, deudas y vicios— y abrazaremos instantáneamente a un “nuevo yo”, disciplinado, santo, próspero y feliz.

Pero, si somos honestos, en el fondo sabemos la verdad. Ya hemos hecho esto antes. Ya sentimos ese escalofrío en 2024, en 2023, en 2022. Y despertamos el día 2 de enero con los mismos problemas, el mismo temperamento y la misma sensación de vacío.

¿Y si te dijera que esa espera mágica es una trampa? ¿Y si la noticia más grande del universo no se trata de lo que va a suceder “mañana”, sino de lo que ya está disponible “hoy”?

La verdadera novedad del cristianismo no es ofrecer un calendario nuevo. La novedad del Evangelio es anunciar una invasión. En Marcos 1:15, Jesús inaugura Su ministerio público. No comienza con una promesa motivacional de “vendrán días mejores”. Comienza con una declaración de hecho consumado que altera la estructura de la realidad:

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

Hoy, día 31, te invito a dejar de mirar hacia el futuro por unos minutos. Vamos a apagar el modo “expectativa” y a encender el modo “revelación”. Vamos a descubrir por qué la mejor manera de comenzar el año nuevo no es haciendo promesas vacías para 2026, sino creyendo en la realidad avasalladora que Jesús trajo para el “ahora”.


I. El Diagnóstico: La Enfermedad del “Mañana” y la Tiranía de Chronos

Para entender el remedio de Jesús, primero necesitamos entender nuestra enfermedad. Nosotros sufrimos de una patología espiritual llamada “Idolatría del Futuro”. Nos convencemos de que la vida real siempre está a un paso de distancia.

  • “Cuando me case, seré feliz.”
  • “Cuando tenga hijos, estaré completo.”
  • “Cuando me jubile, tendré paz.”
  • “Cuando cambie el año, yo cambiaré.”

Vivimos como si el presente fuera solo una sala de espera inconveniente para el futuro. El día 31 de diciembre es la cúspide de esta enfermedad. Es el día en que toleramos el “hoy” solo porque estamos obsesionados con el “mañana”.

Jesús comienza el versículo 15 atacando esta mentalidad de raíz: “El tiempo se ha cumplido”. Para entender la profundidad explosiva de esto, necesitamos ir al griego original del Nuevo Testamento. Los griegos, en su sabiduría, tenían dos palabras distintas para “tiempo”, y describen dos mundos completamente diferentes.

1. La Prisión de Chronos

La primera palabra es Chronos. Es de donde viene la palabra “cronómetro”, “cronología”. Chronos es el tiempo del reloj. Es el tic-tac despiadado. Es el tiempo cuantitativo, secuencial, que devora la vida. Es el calendario que tienes en la pared o en el celular. El Chronos es un tirano. Nos envejece, nos presiona y nos mata. El día 31 de diciembre es la tiranía máxima del Chronos. Te grita en la cara: “¡El tiempo se acabó! ¡No hiciste lo que debías! ¡Estás atrasado! ¡Se fue un año más y sigues en el mismo lugar!” Quien vive preso en el Chronos vive ansioso, porque el tiempo nunca es suficiente y el pasado es irreversible.

2. La Libertad de Kairos

La segunda palabra es Kairos. Kairos no es el tiempo del reloj; es el tiempo de la oportunidad. Es el tiempo cualitativo. Es el “momento de Dios”. Es cuando la eternidad perfora la burbuja de la historia y toca nuestra vida. Es aquel instante en que todo cambia, no porque el reloj avanzó, sino porque Dios actuó. Es el tiempo del beso, el tiempo del nacimiento, el tiempo de la conversión, el tiempo del milagro.

Cuando Jesús dice “El tiempo se ha cumplido”, Él usa la palabra Kairos. Él está diciendo: “¡Basta de vivir esclavos del calendario! ¡Basta de vivir esperando el futuro!” La religión judía de la época vivía de espera. Esperaban al Mesías. Esperaban la liberación política de Roma. Esperaban el “Gran Día del Señor”. Siempre era “un día…”. Nosotros hacemos exactamente lo mismo con nuestro fin de año. Transferimos la responsabilidad de nuestra felicidad a una fecha futura.

El gran descubrimiento de Marcos 1:15 es que Jesús mató la espera. Él trajo el Kairos adentro del Chronos. Esto significa que no necesitas esperar a que el reloj marque las 00:00 para acceder a la “Vida Nueva”. La plenitud de Dios no depende de la rotación de la Tierra alrededor del Sol; depende de la posición de tu corazón en relación con el Hijo.

Si estás esperando que 2026 traiga la paz que 2025 no trajo, todavía estás preso en el Chronos. El número del año cambia, pero si no entras en el Kairos, los problemas viejos solo cambiarán de fecha. La ansiedad continuará ahí el día 2 de enero. El Reino de Dios es la oferta de salir de la rueda de hámster del tiempo y entrar en la plenitud de la Presencia Eterna.


II. La Revelación: El Reino “Se Ha Acercado” (La Accesibilidad de lo Imposible)

La segunda frase de Jesús es aún más impactante: “El Reino de Dios se ha acercado”. En griego, la palabra es engiken. Tiene un sentido de inmediatez física. Podría traducirse como: “El Reino de Dios está a la mano”, “Está al alcance de los dedos”, “Está aquí”.

Para un judío del primer siglo, esto era un escándalo. Durante siglos, la teología enseñaba que Dios estaba distante. Él habitaba en el “Lugar Santísimo” del Templo, detrás de un velo grueso de tela. La santidad era peligrosa. El cielo estaba lejos. Para llegar a Dios, necesitabas sacrificios, sacerdotes, rituales y peregrinaciones. Había una distancia burocrática y espiritual inmensa.

La novedad radical de Jesús es: “El Reino descendió. Invadió su sala de estar. La distancia se acabó.”

Muchos de nosotros enfrentamos el cambio de año con la mentalidad de la “distancia”.

  • “La felicidad está lejos, necesito bajar 10kg para alcanzarla.”
  • “La seguridad está lejos, necesito ganar más dinero para tocarla.”
  • “La santidad está lejos, necesito orar más para que Dios me escuche.”

Colocamos la realización allá lejos, en la cima de una montaña imaginaria que prometemos escalar en 2026. Creamos una escalera de obras y esfuerzos. Pero Jesús dice: “No. El Reino ya bajó la montaña.” La sanidad no está lejos. La paz no es un premio para quien cruza la línea de meta del maratón. El perdón no es una meta a cumplir. Todo eso es el Reino, y el Reino está aquí.

Esta es la revelación para tu día 31 de diciembre: No necesitas construir una escalera hacia Dios el próximo año. Dios ya bajó la escalera en Cristo. La ansiedad de fin de año viene de la sensación de falta. “Me falta algo para ser feliz”. El Evangelio de Marcos 1:15 viene con la sensación de plenitud. “Todo ya fue dado”.

Imagina la libertad absoluta de entrar en la fiesta de Año Nuevo esta noche no como un mendigo hambriento que espera que el año que viene le dé migajas de alegría, sino como un hijo del Rey que ya posee el Reino dentro de sí. Esto cambia la forma en que celebras. No celebras para conseguir; celebras porque ya recibiste. No brindas para tener suerte; brindas porque ya tienes la Gracia.


III. El Mandato: Arrepentíos (No es Propósito, es Revolución)

Ante esta realidad (el Tiempo llegó y el Reino está aquí), Jesús da el mandato de respuesta: “Arrepentíos”.

El 31 de diciembre, el mundo secular predica el evangelio de la “Auto-Mejora”. El coaching dice: “Optimízate”. La autoayuda dice: “Cree en ti mismo”. El mercado dice: “Reinvéntate”. Jesús dice: “Arrepentíos”.

¿Esto suena pesado para nuestros oídos modernos? ¿Parece un mensaje negativo o moralista para un día de fiesta y champaña? Al contrario. Si entendemos lo que Jesús quiso decir, este es el mensaje más liberador y alegre posible.

Los famosos “Propósitos de Año Nuevo” (New Year’s Resolutions) son, en la abrumadora mayoría de los casos, intentos frustrados de reforma de la carne por la propia carne. Es intentar pintar una casa que tiene la estructura podrida e infestada de termitas. Jesús usó otra metáfora en Marcos 2 para esto: es poner “vino nuevo en odres viejos” o “parche de tela nueva en vestido viejo”. El resultado es el desastre. La rotura se hace mayor. Prometemos que vamos a dejar de gritarles a los hijos, que vamos a dejar de gastar compulsivamente, que vamos a vencer la pornografía con la fuerza del brazo. Y fallamos en febrero. ¿Por qué? Porque intentamos cambiar el comportamiento sin cambiar la naturaleza.

La palabra griega para Arrepentimiento es Metanoia. Meta (cambio/más allá) + Noia (mente/percepción). Arrepentimiento no es llorar de remordimiento en un rincón. No es flagelarse de culpa por los errores de 2025. Arrepentimiento significa “Cambiar la Mente”. Significa cambiar los lentes a través de los cuales ves el mundo. Significa dar media vuelta. Es una revolución interna.

El arrepentimiento es la puerta de entrada del Reino. Mientras que los “propósitos” se enfocan en el esfuerzo humano (“voy a intentar ser más fuerte”), el arrepentimiento se enfoca en la rendición humana (“no puedo, soy débil, toma Tú el control, Señor”).

El “Gran Descubrimiento” aquí es: No lleves tus propósitos a 2026; lleva tu arrepentimiento. No le prometas a Dios que serás fuerte el próximo año. Confiésale a Dios que eres débil. El Reino de Dios no es para los “fuertes” y “capacitados” que prometen vencer; el Reino es para los “pobres en espíritu” (Mateo 5:3) que saben que necesitan desesperadamente un Salvador.

Si quieres que 2026 sea realmente nuevo, no hagas una lista de tareas imposibles. Haz una oración de entrega honesta. “Señor, renuncio a intentar ser el rey de mi propia vida. Me arrepiento de confiar en mi fuerza, en mi dinero y en mi justicia. Cambio mi autonomía por Tu soberanía. Entro en Tu Reino donde Tú eres el Rey.” Eso es Metanoia. Eso genera transformación real. Eso dura más que febrero.


IV. La Invitación: Creed en el Evangelio (La Novedad Radical)

Finalmente, Jesús completa el imperativo: “Creed en el Evangelio”. Hoy, la palabra “Evangelio” se volvió sinónimo de un estilo musical o de un segmento de mercado religioso. Pero en el tiempo de Jesús, Euangelion era una palabra política y militar, no religiosa.

En el Imperio Romano, se anunciaba un “Evangelio” cuando nacía un nuevo César, cuando asumía el trono o cuando se ganaba una gran guerra en las fronteras. Los heraldos corrían por las calles de Roma y de las provincias gritando: “¡Evangelio! ¡Evangelio! ¡Tenemos un nuevo Emperador! ¡La paz llegó! ¡La victoria es nuestra!”

Cuando Jesús roba este término imperial y lo aplica a Sí mismo, Él está haciendo una declaración subversiva y gloriosa: “La guerra terminó. La verdadera victoria ya fue ganada. El verdadero Rey asumió el trono. Crean en esto.”

El mundo entra al Año Nuevo basado en la “Ilusión” (o los “buenos deseos”). “Espero que salga bien.” “Ojalá la economía mejore.” “Vamos a desear tener salud.” Eso no es fe; es optimismo vago. Es “pensamiento positivo”. Y el pensamiento positivo no aguanta el primer lunes difícil de enero, ni el primer mal diagnóstico, ni la primera crisis en el matrimonio.

El cristiano entra al Año Nuevo basado en el “Evangelio”. Nosotros no “deseamos” que Dios esté con nosotros; nosotros creemos que Él ya está (Emanuel, Dios con nosotros). Nosotros no “esperamos” que nuestros pecados sean perdonados si somos buenos todo el año; nosotros creemos que ya fueron perdonados en la Cruz hace 2000 años. Nosotros no “deseamos” vencer al mundo; nosotros creemos que Él ya venció al mundo por nosotros (Juan 16:33).

La novedad radical es esta: El cristianismo no es una invitación a HACER; es una invitación a CREER en lo que ya fue HECHO. Todas las otras religiones y filosofías de vida dicen lo que debes hacer para alcanzar lo divino o la felicidad. “Haz esto, sube aquello, paga aquello”. El Evangelio dice: “Está hecho”.

Mientras preparas la cena de esta noche, recuerda: el verdadero plato principal ya fue servido en el Calvario. El banquete de la gracia está puesto. No necesitas “suerte” para 2026. La suerte es para quien juega a los dados con el destino. Tú eres hijo. Necesitas fe en la Buena Noticia. Necesitas creer que, no importa lo que pase en la economía, en la política o en tu salud en 2026, la victoria final ya le pertenece a Jesús, y tú estás en Él.


V. Aplicación Práctica: Viviendo el “Ahora” de Dios

¿Cómo traemos toda esta teología profunda al suelo de nuestra vida hoy, mientras el reloj corre hacia la medianoche? ¿Cómo cambia esto tu actitud en la fiesta de fin de año?

1. Abandona la Procrastinación Espiritual

La mayor mentira que nos contamos a nosotros mismos el día 31 es: “Mañana empiezo”.

  • “Mañana perdono a esa persona.”
  • “Mañana pido disculpas.”
  • “Mañana regreso a la iglesia.”
  • “Mañana dejo este vicio.”

Pero Jesús dijo: “El tiempo se ha cumplido”. El Reino es Ahora. El “se ha acercado” de Jesús elimina la distancia y la demora. Si el Reino está aquí, la gracia para cambiar está disponible ahora, a las 6 PM del día 31, y no solo a las 12:01 AM del día 1. ¿Hay alguien a quien necesites perdonar? No lleves ese cadáver emocional al año nuevo. Hazlo ahora. Manda el mensaje. Llama. ¿Tienes un hábito que está destruyendo tu alma? No digas “solo una vez más hoy para despedirme”. La despedida del pecado es el arrepentimiento inmediato. Vivir en el Reino es vivir en el presente inmediato de Dios. El Espíritu Santo solo actúa en el “hoy”.

2. Celebra la Presencia, no la Promesa

A la hora del cambio de año, cuando exploten los cohetes y todos se abracen, cambia el enfoque de tu corazón. La mayoría de las personas mirará al cielo vacío, haciendo peticiones mudas, lanzando deseos al universo, esperando que el futuro traiga lo que les falta. Tú, discípulo de Jesús, harás algo diferente. Tú mirarás al cielo lleno de la Gloria de Dios y vas a agradecer por la Presencia. En lugar de enfocarte en lo que no tienes (la promesa futura), enfócate en Quién ya tienes (la Presencia presente). Abraza a tu familia no con el miedo ansioso de perderlos en el futuro, sino con la gratitud profunda de tenerlos en el presente. Saborea la comida. Ríe con los amigos. El Reino se trata de disfrutar la bondad de Dios ahora. La eternidad ya comenzó.

3. Cambia la Presión por la Paz

¿Sientes, allá en el fondo, un peso aplastante de tener que “hacer que 2026 funcione”? Muchos de nosotros entramos al año nuevo exhaustos antes incluso de comenzar, porque cargamos el mundo sobre la espalda. Sentimos que si no controlamos todo, todo se derrumbará. Quítate esa mochila hoy. Suéltala a los pies de la Cruz. Si el Reino llegó, entonces el Rey está en el trono. Y el Rey no eres tú. 2026 no está en tus manos temblorosas (¡gracias a Dios!). El año nuevo está en las manos firmes y horadadas por clavos de Aquel que dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Puedes comer tu cena en paz. Puedes dormir tranquilo hoy. El Universo tiene un Rey, Él es bueno, Él te ama, y Él ya está allá en el futuro preparando el camino.


Conclusión: El Año Nuevo Comienza en la Cruz

Hoy, 31 de diciembre, es el fin de un ciclo humano, pero puede ser el inicio de una eternidad personal para ti. La novedad que tanto buscas desesperadamente no está en el cambio del dígito 5 al 6 en el calendario. La novedad no está en un gobierno nuevo, en un empleo nuevo o en una casa nueva. La novedad es una Persona.

Jesús no vino a reformar tu año viejo. No vino a darle una mano de pintura a tu vida vieja. Él vino a matar a tu “viejo hombre” en la cruz y a darte una vida que no envejece, que no se desgasta con el tiempo, que no se oxida y que no depende de las fluctuaciones de la bolsa de valores. Él trajo el Reino Inconmovible.

Entonces, cuando den las 00:00, celebra con toda tu fuerza. Grita. Abraza. Llora de alegría. Come lo mejor de la fiesta. Pero hazlo sabiendo un secreto que el mundo ignora, el secreto que hace que tus ojos brillen diferente a los demás:

No estás entrando solo a un año desconocido y aterrador, dependiendo de tu propia suerte o fuerza. Ya estás, en este exacto momento, adentro del Reino inconmovible de Dios, protegido y acompañado por el Rey que es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

El tiempo se ha cumplido. La espera terminó. La vida real comienza ahora.

Feliz Reino Nuevo.


“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”2 Corintios 5:17

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